lunes, 17 de enero de 2011

Ese viejo diario

Me sentía cansado esa mañana, así que no me despegué de mi cama hasta el mediodía. El espejo hablaba en acordes indescifrables que yo intentaba evitar. El reloj marcó las 12 cuando mis pies se dispusieron a tomar contacto con el suelo. Parecía todo muy irreal a cada momento. Las horas pasaban y me preguntaba si debía ir a visitar a Don Roque el día de hoy, o evitarlo por esa jornada. Quizás hoy no eran necesarios esos jazmines, no creo que te enojes por ello. Me sentía realmente abatido, como atraído por el centro de la tierra con más crudeza que de costumbre. Recién a las seis de la tarde tomé coraje de avistar el aire puro que atravesaba la puerta principal.  Empecé a caminar sin rumbo hasta que me topé con algo inesperado para ese entonces. Era un periódico viejo, de hacía ya tiempo. Yacía inmóvil en la vereda a pesar de la brisa que provocaba el danzar de las hojas de los árboles.  Mi intriga se incrementó al descubrir el día en que era fechado el mismo. A cada momento sentía estar viviendo entre la fantasía y la realidad, me preguntaba entonces si eso era una sensación irreal. De repente un zumbido en mi espalda me hizo crujir de miedo. Me di vuelta y para cuando me incorporé aquel diario había desaparecido misteriosamente. Para olvidar esa mala pasada que me jugaba mi mente, suponía, decidí emprender rumbo hacia el parque en donde los niños iban a jugar por la tarde. Una y otra vez una y otra vez repetía sin cesar, empujando una hamaca vacía. Vacía ya de tanto soñar y volar. Más tarde volví a casa como de costumbre. Al final pasé por lo de Don Roque y compré lo de siempre, que más sino.

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